domingo, 27 de junio de 2010

MARÍA SILENCIO


Tanto andar, mucho buscar días con rastros de luz, acompasar mis pasos a los ajenos- porque no le encontré sentido al recorrido en soledad- me fueron borrando los sonidos, me fui quedando sin palabras. Intento darle forma a mis pensamientos que se atropellan unos a otros, ordenarlos, ensamblarlos ente sí y en esquemas globalizadores... Es ahí, justo ahí, donde pierdo posibilidad de decir o me autocensuro. Porque siento que ya no tiene sentido manifestarme en un entorno saturado de palabras, palabrerío, oquedades, desatinos ¿O es mi falta de adaptación a “la realidad” común, la de todos?
Sabés, Mago? Cuando era pequeña me llamaban “viento en contra”. Una condición que nunca perdí, no por el gusto de oponerme sino por convicción. Las mismas convicciones que sigo sosteniendo porque me parecen válidas y hasta ahora, nadie pudo decirme al respecto más que “sos demasiado ingenua; ninguna persona es tan buena ni las cosas pueden ser tan derechas como las pensás; así no vas a ningún lado”.
Tuvieron razón: no fui a ningún lado. Una a una fui guardando mis palabras, hasta desnaturalizarlas ( sólo podemos nombrar aquello que de alguna manera logramos conceptualizar). Me ganó el silencio. “...porque todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres” y a esta altura de mi vida ya perdieron significatividad los “todos” y los “pocos”.
No es soberbia ni lamento ni cansancio. Sólo una muestra de la india y la bohemia que me habitan

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